¿Debo castrar a mi gato?

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La castración, eliminación quirúrgica de los testículos en los machos o de los ovarios en las hembras, es una práctica muy habitual en el caso de los gatos domésticos.

Si se castran la mayoría de los gatos es para modificar algunos de sus hábitos, relacionados con su carácter territorial.

Tal y como realizan muchos animales, los gatos, especialmente los machos, tratan de mantener un territorio como propio, vigilándolo y cuidando que no penetre en él ningún competidor de su mismo sexo. Para señalar la propiedad de un territorio utilizan unas señales “visibles” para sus congéneres, que en el caso que nos ocupa consisten principalmente en señales “olorosas” y visuales. Utilizan para ello su orina y/o heces que depositan, normalmente en pequeñas cantidades, en lugares destacados, para que sean fácilmente detectadas por un hipotético visitante. También realizan, con el mismo fin, señales con sus garras en muebles u objetos.

Este comportamiento es “especialmente”, aunque no únicamente, masculino y está relacionado con la sexualidad del animal. Por esta razón, si un gato es castrado disminuirá, en la mayoría de los casos desaparecerá, esta conducta territorial.

Cuando el gato alcanza la madurez sexual, hacia los 11 meses de edad, comienza a practicar estas conductas; y si vive encerrado en un piso se ve obligado a hacerlo en el interior de la vivienda. Dado que la orina del gato posee un “aroma” especialmente desagradable, en pocos días la situación suele ser “insostenible”. Corremos el riesgo, si retrasáramos la intervención, de que el animal “aprendiera” esa costumbre, de forma que si lo castráramos cuando ya se ha convertido en un hábito, podría continuar haciéndolo a pesar de ser la intervención.

En el caso de que el gato que tenga acceso al exterior, un jardín o pasea libremente por la calle, probablemente no necesite marcar el interior de la vivienda. Sin embargo pueden empezar a hacerlo cuando son más viejos. Además, estos gatos “enteros” suelen desaparecer durante muchos días durante sus correrías y esta “afición” a “salir de marcha” también disminuye o desaparece si el gato es castrado.

 

 

San Sebastián, 23 Febrero, 2016

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