EL SARRO Y LAS ENCIAS

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Una de las zonas más visibles de nuestro perro y a la que habitualmente no prestamos la atención que se merece es la boca.

Es muy normal que en nuestra consulta los dueños pregunten cada cuánto tiempo tienen que bañar a su perro, si han de cepillarlo a diario, o cómo se limpian los oídos. Sin embargo, y no sé cuál es el motivo, es muy raro que se nos pregunte por la forma o frecuencia de la limpieza bucal.

Cuando tenemos un cachorro los dientes de leche no requieren gran atención. A los cinco meses de edad ya han desaparecido, así que la falta de cuidados no tiene una gran trascendencia. Sin embargo, sí deberíamos de ocuparnos de ellos, puesto que, de la misma manera que ocurre con otras cosas, podemos conseguir que el cachorro se habitúe a que le limpiemos los dientes y, de esta forma, convertir esta “misión imposible” en algo sencillo.

 

En la boca, como en el resto del cuerpo, habitan numerosas bacterias. En ella encuentran humedad, calor y alimento, así que su número en la saliva, la superficie de los dientes o la mucosa bucal es muy elevado. Estas bacterias no son patógenas en la mayor parte de los casos, conviven con nuestro perro, del mismo modo que lo hacen en nuestra boca, y no suponen un problema mientras mantengamos controlado su número.

En el caso de los perros, el tipo de “flora bacteriana” es variable de unos individuos a otros y depende fundamentalmente de dos factores: la alimentación y la raza.

Como decimos, la cantidad de bacterias tiende a aumentar en cuanto las condiciones se hacen “más acogedoras” para ellas. La presencia de restos de comida prácticamente invisibles sobre la superficie de los dientes y, especialmente en el pequeño espacio existente entre el borde de la encía y el diente, hacen que poco a poco aumente el número de gérmenes en esas zonas. El crecimiento gérmenes sobre la dentadura hace que se depositen sales de calcio, presentes en la saliva normal, sobre el material blando que se “pega” al diente y rellena el “surco gingival” (espacio entre encía y diente). Con esas sales, la placa, que era blanda y fácil de retirar con un cepillo, se convierte en una especie de cemento, duro y pegado al diente; que es muy difícil de despegar y que favorece el depósito de más placa y más sarro.

De esta forma, y especialmente pronto en razas miniatura, el sarro empieza a verse a simple vista cuando el perro tiene tan solo entre uno y dos años; al principio en lugares escondidos, muelas posteriores, cara interna de los dientes; más tarde sobre los colmillos o los incisivos.

La presencia constante de sarro y bacterias junto a la encía provoca una reacción inflamatoria en ella y, con el tiempo el deterioro del sistema de “anclaje” del diente, lo que hará que la pieza termine por desprenderse.

Así, se van perdiendo piezas, generalmente los incisivos en primer lugar, las encías aparecen enrojecidas y cubiertas de un material blando y maloliente.

 

PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO

ALIMENTACION

Como ya hemos indicado hay dos factores que influyen en la rapidez con la que el sarro se va depositando: la raza de nuestro perro y su alimentación.

Sobre el primero de ellos no hay nada que podamos hacer. Respecto al segundo, hay algo que nadie discute y es que “los alimentos secos, los piensos, son mucho menos peligrosos para la dentadura que los alimentos húmedos”. Por tanto, reducir todo lo posible el uso de alimentos húmedos, tanto industriales como caseros, disminuirá la necesidad de las limpiezas “profesionales”.

LIMPIEZA DIARIA

Esta sería una medida deseable. Si lo hemos acostumbrado desde cachorro al uso del cepillo de dientes, permitirá, aunque sea a regañadientes y nunca mejor dicho, que le “pasemos” el cepillo. No es necesario utilizar desinfectantes o productos especiales. Lo más importante es el efecto mecánico del cepillo, arrastrando los restos de comida, pelo, etc.

VISITAS AL VETERINARIO

A pesar de que respetemos al máximo las recomendaciones anteriores sobre la alimentación y la limpieza, tarde o temprano el sarro se habrá depositado y será necesaria una intervención profesional para eliminarlo. La frecuencia deberá indicarla el veterinario. Lo normal es que se realice bajo sedación y aunque hay mínimos riesgos, el efecto sobre la salud del perro es tan beneficioso que merece la pena asumirlos. Nuestra recomendación es revisar los dientes en cada visita al veterinario, vacunas, otras intervenciones,... y determinar entonces la conveniencia de realizar una “higiene dental”.

 

San Sebastián, 23 Febrero, 2016

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