¡Peligro! Lombrices

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Perros y gatos sufren con frecuencia la presencia en su interior de unos gusanos conocidos vulgarmente como lombrices. La importancia de estos “incómodos habitantes” es muy variable, en general poco grave para la salud de nuestro compañero, pero puede llegar a tener importancia si se produce un contagio en las personas.

Hay diversos tipos de “lombrices” y no todas se transmiten de la misma forma ni con la misma facilidad a los humanos. En cualquier caso, hay una serie de medidas de carácter general que nos garantizan nuestra seguridad en la relación con nuestro perro o gato.

MEDIDAS QUE DEBEMOS TOMAR

  1. Impedir que nuestra mascota, perro o gato, consuma carnes o vísceras crudas. Todos los alimentos han de ser cocinados excepto los productos industriales (sufren tratamientos por el calor durante su elaboración )
  2. Administrarle periódicamente productos antiparasitarios. Para animales “urbanos”, tres o cuatro tratamientos anuales son más que suficiente.
  3. Tratar con vermífugos a nuestro perro después de que haya pasado unos días en un “hotel canino” o en otro lugar donde el riesgo de contagio haya sido muy alto: después de pasar algún tiempo extraviado o al terminar la temporada de caza
  4. Extremar la vigilancia sobre las pulgas. Uno de los parásitos más habituales accede al perro o gato cuando éste es parasitado por pulgas. Si las detectamos conviene que, además de tratar las pulgas, administremos algún producto apropiado contra las tenias.
  5. Aprovechar las visitas al veterinario para examinar las heces de nuestro perro en busca de huevos de lombrices.
 

RIESGOS PARA LAS PERSONAS

La enfermedad más grave que puede padecer una persona, en relación con los parásitos de perros y gatos es el “QUISTE HIDATÍDICO” (ver artículo).

Además de esta enfermedad, es posible la infestación de las personas por algunas de las especies de nematodos que afectan a perros y gatos. Su presencia en nuestro intestino no es fácil y puede dar lugar, en caso de producirse, a molestias intestinales similares a las que sufren nuestros animales.

También es posible la localización fuera del intestino, provocando distintos cuadros sintomáticos, algunos de gravedad.

Estas infestaciones son más probables en el caso de los niños, por ser más sensibles al contagio y por sus hábitos de juego con los animales, etc. También pueden enfermar con más facilidad aquellas personas que padezcan otras enfermedades o tratamientos que reduzcan su capacidad defensiva. En estos casos deberán de extremarse las medidas de precaución antes citadas.

 
 

 

San Sebastián, 23 Febrero, 2016

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